Desde pequeñita soñé en ser una princesa, ya sabes, con el príncipe.
Resulta, que nadie me había hablado de las princesas caprichosas. Esa
soy yo.
Verás, tengo al príncipe en mis manos, un príncipe un poco menos de lo
esperado, pero me encanta. Vive en un palacio con un precioso caballo
fuerte, de color blanco & negro. Don Bob. Tengo la oportunidad de correr
por los prados, de comer muffis de chocolate hasta saciarme & tengo la
oportunidad de dormir en una gigantesca cama, con sabanas hecha de
pétalos de rosa, junto a él. Despertándome con su cara a medio palmos de
la mía.
Y yo, la princesa caprichosa, tiendo a pedir el cielo, porque yo pienso
que el amor no tiene límites. Pido que él me rescate cuando caiga, que
me de la mano y me diga que todo va a ir bien. Jamás creí que una
princesa podría llorar desolada. Pero eso es el mundo real. Yo, lo he
visto contigo, mi príncipe.
He visto que la realidad es complicada. Hay que luchar mas de lo que
creí, he llorado más de lo que pensé, aun así, quiero tenerte a mi lado.
Aunque no vivamos en un cuento de princesas yo te intentaré tratar como
tal e intentaré seguir y luchar por lo que quiero: hacerte feliz. Que
para eso soy tu Princesa Caprichosa.
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