Las despedidas son tristes. Te hacen sentirte por un momento vacía. Le
ves ir, y te dan ganas de correr detrás de él y decirle que pare. Pero
hay algo que te impide moverte. Te quedas helada, por un momento tu
cuerpo se pone frío y tus ojos vidriosos. Puedes pensar y te dices a ti
misma se fuerte y esta vez no llores. Lo vas pensando en todo el
trayecto antes de llegar hasta allí. Pero siempre has podido comprobar
que es imposible no llorar al verle marchar. Al llegar, cuando tienes
que decirle adiós te abraza y sientes unas increíbles ganas de quedarte
durante una hora abrazándole y a la vez todas esas lágrimas contenidas
caen.
Siempre queda algo que decir o algo que te hubiera gustado repetirle mil
veces más antes de que se fuera... Le quieres muchísimo y le extrañas.
Sabes
que verle significa una nueva despedida, y lo que menos quieres es que
se vaya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario