Un año frenético en el que he perdido y he ganado, pero en el que
sobretodo he cambiado y he aprendido a paso acelerado.
La vida te pone a
prueba, el corazón aprieta y la cabeza te acribilla a preguntas
incontestables. Puede que no sea la misma, que haya perdido esa
inocencia que actuaba como ilusión en lo que a sentimientos se refiere.
Aprendí que las hojas caen y no por su propio peso sino porque el tiempo
las empuja a hacerlo.
Nada es eterno en esto que llamamos vida. Ahora
me gusta leer cuentos, pero no ser el protagonista de ellos, cansado del
amor adolescente, no lleva más que al dolor. Puede que mis textos sean
el reflejo de como voy cambiando, de las etapas que voy quemando y del
momento que atraviesa mi interior, tan complejo y simple a la vez. Suelo
pensar, y por ello suelo equivocarme, hago muchas cosas mal, y creedme
que son las que más me han ayudado, ahora sé que es lo que no tengo que
hacer. Cada paso se empapa de incertidumbre y de esperanza a partes
iguales, para mi la vida es un camino que de manera insospechada te
empuja a la felicidad y a preguntarte dónde se esconde.
Echo una vista
al pasado y afirmo que fui idiota y genio por momentos. Si tuviera que
decirle algo a mi yo de hace un año, le diría: ¨sigue así ¨. No más. Soy
lo que soy producto de lo que fui. Cambiamos porque hemos de hacerlo. Y
si algo he aprendido es a equivocarme.
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