Un segundo, un suspiro, un parpadeo, un latido y todo habrá cambiado
para siempre. Una palabra mal colocada y todo habrá acabado. Un momento
encerrado en ese reloj incansable, que deja arrugas y heridas con su
paso, lento pero firme. Antes, después. Mi vida cambió en ese instante,
con el simple roce de unos labios, con la luz de una luna tentadora, el
preciso momento en el que todo quedó atrás, en el que mi corazón
excitado ya estaba sentenciado.
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